“En Japón se dice que sobre la superficie de la luna se dibuja a veces la forma de un conejo. Esta creencia popular proviene de un cuento para niños que narra la historia de un viejo monje budista que se había retirado a lo alto de una montaña para orar. En poco tiempo el monje ya era muy querido por los animales de la montaña, quienes eran sus únicos compañeros. Pero corrían tiempos difíciles, la comida escaseaba y el viejo monje perdía fuerza día a día. Cuando los animales se dieron cuenta de la situación, echaron mano de sus magras reservas y se lanzaron por la falda de la montaña en busca de más alimentos. Un día se reunieron a la entrada de la gruta del viejo monje y depositaron allí lo que habían encontrado. La ardilla trajo nueces, el oso, bayas salvajes, el mapache, un pescado capturado en el torrente. Todos ellos tenían algo para ofrecer excepto el conejo, que era muy pobre. Sin embargo, imperturbable, el conejo encendió un gran fuego y cuando las llamas empezaron a lamer el cielo se volvió hacia el monje y le dijo: “Perdóname, pero soy muy pobre. No he traído comida. Pero te ofrezco mi carne. Cómela, te lo ruego.” Y antes de que nadie pudiera detenerle saltó a las llamas. El relato ilustra el espíritu del verdadero Samurai.” 

“Aikido o la armonía de la naturaleza” de Mistugi Saotome Editorial Kairós. Año 1994.