Mokuso

Lo primero que aprendemos en las clases de Aikido no son técnicas, agarres ni palancas. Lo primero que aprendemos es Mokuso. Nos sentamos quietos, en silencio y aprendemos a usar la respiración para vaciar la mente de todo lo ocurrido en el día. Tratamos de calmar nuestros pensamientos y lo único que nos ocupa en ese momento es la respiración que entra y sale de nuestro cuerpo. Nada más, nada menos.

Mokuso es un término japonés que significa “mirar en silencio hacia el corazón”. Mediante este ejercicio de meditación tranquila que realizamos antes y después de la práctica, vaciamos la mente de los problemas cotidianos y nos enfocamos en el presente. Cuando terminamos la clase, nos ayuda a volver a la rutina con el corazón sereno.

Cómo se hace:

La práctica de Mokuso se realiza en clase de niños y de adultos. Combina la postura corporal, la respiración y la concentración.

Empezamos en la postura de seiza (sentados sobre nuestros talones), con la espalda recta y los ojos cerrados. Nuestras manos están sobre el regazo, con las palmas hacia arriba, la mano izquierda sobre la derecha y los dedos pulgares apenas rozándose. La respiración se realiza en ciclos lentos y pausados, inhalamos lentamente por la nariz, retenemos un instante el aire en nuestro abdomen, y exhalamos el aire suavemente por la boca. Tratamos de concentrarnos en la respiración para vaciar nuestra mente de todo lo que ocurrió y todo lo que ocurrirá. Practicar mokuso nos libera del pasado y del futuro, nos ayuda a enfocarnos en el eterno instante del ahora.

Beneficios en la práctica:

Mokuso nos ayuda a estar presentes durante el entrenamiento de la mejor manera posible. Al ejecutar las técnicas muchas veces nuestros movimientos se ven trabados por aquello que pensamos o sentimos. Mokuso nos enseña a calmar esas emociones y pensamientos, dejarlos que pasen, para que nuestro cuerpo encuentre el camino de realizar las técnicas con naturalidad y sin obstáculos.  

Sin embargo, tranquilizar nuestra mente y dejar de pensar es fácil de decir pero no de hacer. Por eso la quietud del cuerpo nos ayuda a relajar poco a poco los pensamientos. Los resultados no son inmediatos, como todo lo nuevo que se aprende lleva tiempo. Pero poco a poco la constancia en la práctica de esta meditación nos acrecienta el bienestar y la calma.

De esta manera podemos enfrentar renovados los desafíos de todos los días con una actitud más positiva, reflexiva y en paz.

Foto: Michael Gannon.